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viernes, 20 de noviembre de 2015

Gomashio

El gomashio, término de origen japonés procedente de “goma” (sésamo) y “shio” (sal), es un condimento compuesto por sésamo tostado y sal marina, triturados conjuntamente. La proporción suele ser de 12-14 partes de sésamo por 1 parte de sal, aunque puede variar entre 8:1 y 15:1, como proporciones extremas corrientes.

El gomashio lo preparamos en casa usando un suribachi, que es un utensilio específico para este menester, es un mortero como el que usamos pero estriado, para romper el sesamo y que libere su aceite y se mezcle con la sal. En la medida de lo posible, debe evitarse el uso de molinillos eléctricos ya que no se obtiene una unión entre las grasas del sésamo con los granitos de sal.

El gomashio se beneficia de las cualidades de sus componentes (grasas, proteínas y minerales del sésamo y oligoelementos de la sal), por lo que se recomienda su uso diario. Es el condimento de mesa por excelencia de una alimentación equilibrada. Favorece la secreción de los jugos digestivos, estimula todo el metabolismo, fortifica el sistema nervioso, es ligeramente diurético y regenera el intestino. Tonifica, fortalece y permite agregar sal a los platos sin provocar sed.

El gomashio presenta una gran cantidad de nutrientes. Aporta lípidos de alta calidad, proteínas, vitaminas (E, K, grupo B, ácido fólico, biotina, inositol y colina) y minerales con un gran contenido de calcio.

Una de las propiedades más destacables del gomashio es su capacidad de fortalecer el organismo, al ser alcalinizante de la sangre. 

Es el complemento ideal de los cereales y también puede utilizarse en ensaladas y otros platos, se debe tomar en pequeñas cantidades, espolvoreándolo sobre los platos de cereales, verduras, ensaladas, o bien extendiendo una fina capa en una rebanada de pan con aceite. Las personas con hipertensión deben vigilar el consumo de gomasio, dado su contenido de sal.


Ingredientes

1 cucharada sopera de sal marina
14 cucharadas soperas de sésamo

Elaboración

En un colador lavamos el sésamo, mejor si es ecológico, mirando bien para quitar si tiene alguna piedrecita. Después de pasar por una toalla o paño, lo colocamos en la sartén precalentada para ir tostándolo.
La medida es la siguiente, pondremos en la sartén de 10 a 15 (según el tamaño de la sartén o de si lo queremos más o menos salado) cucharadas de sésamo sin nada en el fondo extendido por toda su superficie. Así lo iremos tostando, removiendo para que no se queme, hasta que el aroma a nuez o el color dorado nos inviten a sacarlo.

Si queremos asegurarnos que está a punto podemos cogerlo con dos dedos y apretarlo, si se desmenuza es que esta en el momento adecuado. Lo sacamos y lo colocamos en un plato.

A continuación tostamos una cucharada de sal marina en la misma sartén, en seco, así perderá la humedad y el cloro que pueda contener.
En un mortero grande o en un suribachi (mortero japonés estriado) colocaremos la sal marina. La extendemos con el mazo suavemente por todo el contorno hasta conseguir un polvo fino.
 
Añadimos el sésamo y removemos suavemente en rotación no queriendo machacar sino desmenuzar y mezclar los dos ingredientes, nos sorprenderá el aroma que liberan las semillas trituradas.

 

Lo ponemos todo en un bote de cristal herméticamente cerrado y ya lo tenemos listo para utilizar.

Os recomendamos que no hagáis mucha cantidad, ya que va perdiendo propiedades y sabor con el tiempo.




"Volví a sentir unas inmensas ganas de vivir cuando descubrí que el sentido de mi vida era el que yo le quisiera dar".- Paulo Coelho




jueves, 12 de noviembre de 2015

Leche de almendras

Hoy en día, a pesar de que la leche de vaca es una de las más consumidas mundialmente, cada vez son más las personas que optan por el consumo de leches vegetales debido a sus propiedades y a las ventajas que éstas pueden aportar para la salud. 

El consumo de leche de vaca lleva asociados una serie de inconvenientes, tales como difícil digestión, mucosidades, intolerancia a la lactosa y problemas digestivos entre otros, que pueden ser fácilmente evitados substituyendo esta leche por las leches vegetales, no lácteas elaboradas a base de agua e ingredientes vegetales, éstas no contienen lactosa ni colesterol, la mayoría son de bajo contenido calórico, tienen un alto contenido en agua (hasta el 90%) y sus componentes son fáciles de asimilar y digerir. Además, contienen menos grasa que la leche de vaca. Su contenido en vitaminas del grupo B es notable, aunque no se encuentra vitamina B12 que se presenta casi exclusivamente en alimentos de origen animal. Tienen un considerable contenido en potasio, y la relación sodio/ potasio es muy buena.

Por todo ello, es una excelente alternativa no solo para las personas que eligen llevar una dieta sana y equilibrada y para quienes escogen seguir una dieta vegetariana, sino también para aquellos grupos de población que por circunstancias especiales no toleran alguno de los componentes presentes en las leches animales, como la lactosa o las proteínas de la leche de vaca, al igual que para personas con problemas de digestiones lentas, colon irritable, estreñimiento, diarreas…

Existen diferentes tipos de leches vegetales, dependiendo de su procedencia: 
- Las que provienen de los cereales, como el arroz, avena, espelta o cebada, las cuales se caracterizan por su alto contenido en fibra, vitaminas y minerales. 
- Las leches vegetales derivadas de los frutos secos como almendras, avellanes, sésamo o nueces. Estas son muy nutritivas y completas y son fuente de ácidos grasos de calidad y calcio. 
- Por último, las procedentes de las legumbres, como es el caso de la leche de soja.

La que más solemos hacer nosotras es la leche de almendras, es una de nuestras leches vegetales preferidas, es muy fácil de preparar y es más económica que las que venden en los supermercados. Es una buena opción nutricionalmente hablando. Es una leche indicada para disminuir los niveles de colesterol en sangre, usada en procesos postoperatorios por su elevado valor nutritivo, su fácil digestión y en aquellos cuadros de diarrea y vómitos ya que es un buen regulador del movimiento intestinal. Especialmente indicada para embarazadas, lactantes, para combatir enfermedades nerviosas, la debilidad o la anemia. Se recomienda en personas con problemas hepáticos, desnutrición, eccema infantil e incluso favorece el desarrollo de los niños por ser una de las pocas proteínas vegetales que contienen L-arginina (aminoácido esencial en los niños). Es beneficiosa para cerebro y músculo por su alto contenido en potasio (elemento imprescindible para el funcionamiento de estos tejidos) y constituye una medida importante en la prevención de la osteoporosis.

Tiene un alto contenido en proteínas (confiriendo sensación de saciedad) y fibra dietética soluble que, entre otras ventajas, permite aumentar el volumen de los excrementos y diluir así el ácido biliar, lípidos y esteroles, haciendo que disminuya el riesgo cancerígeno de éstos en el colon.

Es un alimento energético ideal para el frío. Favorece la subida de la leche materna, mejora problemas del sistema nervioso y es desinfectante a escala intestinal. El contenido de hierro y calcio es otra de las virtudes de esta deliciosa leche. El magnesio, fósforo y manganeso son otros de los minerales que aporta en cantidades nada despreciables. Es uno de los frutos secos con mayor aporte de vitamina E, cuya ingesta a menudo está por debajo de lo que sería recomendable y que ejerce un valioso papel antioxidante.

Podemos hacer leche de almendras sólo con almendras y agua, pero a nosotras nos gusta añadirle aceite de coco, una pizca de vainilla y azúcar de caña integral o dátiles, sobre todo si vamos a tomarla sola o si vamos a utilizarla para recetas dulces. Vamos a la receta.

Ingredientes:

150 gr de almendras 
1´5 litros de agua
1 cucharada de postre de aceite de coco
30 gr de azúcar de caña integral
Una pizca de vainilla

Elaboración:

Dejamos las almendras en remojo la noche anterior para que sea más fácil triturarlas y para que se activen, es decir, para que sean más fáciles de digerir y para que las vitaminas y minerales que hay en ellas se absorban con más facilidad. 
Ponemos las almendras en el vaso de batidora (hoy hemos utilizado un utensilio especial para hacer leches vegetales) y añadimos medio litro de agua. Batimos durante 15-20 minutos de forma intermitente. 
En paralelo, ponemos en un cazo al fuego el litro de agua restante y lo ponemos a calentar, le añadimos el aceite de coco, el azúcar y la vainilla. Cuando rompa a hervir, apagar y añadir al vaso de la batidora con las almendras. Volver a batir para integrar todos los ingredientes.
A continuación vertemos todo el contenido en una bolsa de hacer leche vegetal, gasa o colador de tela (no usamos un colador porque podrían pasar restos de almendra y queremos que nuestra leche sea totalmente líquida y sin tropezones), y con paciencia esperamos que todo el líquido pase por ella, escurrimos con las manos y tenemos lista nuestra leche de almendras. Deliciosa.
Los restos de almendras se pueden aprovechar de mil maneras, para repostería, para hacer harina de almendras o para preparar quesos crudiveganos. Tenemos pendiente hacer alguna receta para que podáis sacarles partido.

Os recomendamos que la consumáis en un máximo de 3 ó 4 días, ya que no lleva conservantes. Está deliciosa sola, con el café, con cacao, y de todas las formas posibles que os imaginéis. Si la tomáis cruda aprovecharéis mejor los nutrientes de las almendras pero también podéis calentarla sin miedo y utilizarla igual que la leche de vaca o que cualquier otra leche vegetal. Probadla, ¡vuestra salud os lo agradecerá!




"Debes amar de tal manera que la persona que amas se sienta libre".- Thich Nhat Hanh

viernes, 6 de noviembre de 2015

Bolitas de arroz integral con sésamo

Hoy hemos preparado unas deliciosas bolitas de arroz integral, una forma divertida de comer arroz que a niños y mayores gusta. Es una receta muy sencilla, ya veréis, por lo que vamos a hablar un poco del arroz integral y sus propiedades, que son más de las que os pensáis.

De entrada, el arroz integral, que se cultiva en China desde hace unos 7.000 años y que es el segundo cereal más consumido en el mundo después del trigo, es una fantástica fuente de energía. Aporta hidratos de carbono complejos, que proporcionan glucosa al organismo de manera bastante rápida y, además, se mantiene bastante tiempo, manteniendo así constantes los niveles de azúcar en la sangre. Esto, que puede parecer una tontería, es una cualidad básica de este cereal, fundamental para los diabéticos. Durante muchos años este ha sido un tema controvertido, porque se ha considerado que los hidratos de carbono en general, y los cereales en concreto, provocaban desequilibrios en el nivel de azúcar. Y tenían razón, porque los estudios se hacían con hidratos simples como el azúcar blanco, y con cereales refinados como el arroz blanco, de escaso valor nutricional. Pero los últimos estudios han llegado a la conclusión de que los hidratos de carbono complejos −y en especial el arroz integral− producen este efecto beneficioso que explicábamos.

Dicho esto: el arroz integral también proporciona vitaminas, sobre todo del grupo B (B1, B2 y B6) y vitamina E, grasas saludables, proteínas y minerales, en especial potasio, fósforo y magnesio, y en menor medida calcio, sodio y selenio. Y, por cierto, los celíacos lo pueden comer sin problemas porque no contiene gluten.

Sus propiedades son innumerables pero hablaremos un poco de las más básicas: aporta energía, armoniza y regula el organismo, construye tejidos y tiene un efecto positivo sobre el sistema digestivo, en especial sobre el intestino grueso. También fortalece el páncreas y el bazo, expulsa toxinas y se puede usar en casos de diarrea, náuseas y para combatir los efectos de la diabetes. También es beneficioso para el sistema nervioso: según la medicina asiática, el arroz integral tiene un efecto calmante.

En todos los casos, hablamos de arroz integral, el arroz blanco es un primo hermano “pobre”, que ha sido despojado de buena parte de sus vitaminas, proteínas y grasas, que están en la cáscara del grano, perdiendo en el proceso de refinado el 10% de las proteínas, el 84% de las grasas y el 70% de las sales minerales, y buena parte de las vitaminas del complejo B. 

Existen diferentes tipos de grano y cada uno tiene propiedades específicas. En general, se recomienda comer el arroz de grano redondo en invierno y el de grano largo o medio en verano, porque sus cualidades energéticas son distintas. En todos los casos, el grano debe ser integral y se debe lavar bien antes de cocinarlo o, si es posible, dejarlo en remojo con un trozo de unos cinco centímetros de alga kombu para potenciar algunas de sus propiedades y para eliminar el ácido fítico. Solo un consejo: como con el resto de granos integrales, es importante cocinarlo bien para poder digerir y asimilar adecuadamente todos sus nutrientes.

Ahora pasamos a la receta.

Ingredientes:

1 vaso de arroz integral ecológico lavado
2 vasos de agua
Sal de hierbas al gusto
Unas gotas de aceite de oliva
Sésamo

Elaboración:

Colocamos todos los ingredientes en una olla con tapa. Cuando empiece a hervir mantener el fuego alto durante unos 3 minutos. Nosotras hemos añadido a la cocción un trocito de alga kombu.

Tapar y bajar al mínimo el fuego y cocer hasta que absorba toda el agua, más menos entre 40 o 50 minutos. Qué nos indica que ya está cocido? Pues cuando el cereal ha absorbido toda el agua, se forman unos hoyuelos, indicativo de que tenemos que apagar el fuego.

Esperar a que se temple el arroz, o a que se haya enfriado. Entonces amasar el arroz y hacer bolitas del tamaño deseado.

 
Rebozamos las bolitas en sésamo y las freímos en un sartén con muy poco aceite, el justo para que se doren las bolitas por fuera.

 

Es un rico acompañante para, como en este caso, un plato de verduras variadas al vapor.




Buen probecho!



"Cuando camines, camina; cuando comas, come" - Proverbio Zen.